Cada mañana,
antes de salir al mundo,
hay un momento que es solo mío.
El espejo.
La piel.
Una respiración profunda.
Y ese pequeño ritual
de volver a elegirme.
Un toque de perfume.
El cabello.
Los labios.
Y el Halo Dorado
sobre mi piel.
No es para alguien más.
Es para recordarme
que también puedo sentirme diva
en un día cualquiera.
Femenina,
sin pedir permiso.
Segura,
sin tener que demostrar nada.
Hay piezas que adornan.
Y hay piezas que despiertan algo.
Una mirada más amable hacia mí.
Una postura distinta,
sin críticas,
sin comparaciones,
sin prisa.
La sensación de estar presente
en mi propia vida.
Me miro.
Y por un instante
no busco nada que cambiar.
Solo me reconozco.
Porque el amor propio
también puede ser un ritual.
Y a veces
comienza con
una pequeña luz
un amuleto
frente al espejo.
ღ De mí, para mí.

